viernes, 13 de noviembre de 2015

LAS GUERRAS DEL TÉ: CARRERO & SCHALANSKY VERSUS YAN LIANKE

        
            No tenía buena pinta. Me he dado cuenta nada más ver el libro que Víctor Sombra traía en la mano. Era “Los Besos de Lenin”. La novela de Yan Lianke, traducida al inglés por Carlos Rojas,  que, conforme al blog China Traducida y Por Traducir, debería verterse en español como "Sufrir la Vida".  Narra las peripecias de un pueblo remoto de China, una especie de arcadia rural habitada por discapacitados que sufre los embates de las políticas maoístas y luego del capitalismo chino que los lleva, como en una montaña rusa, de la pobreza a la riqueza y de esta a la ruina y la explotación más extrema.
            - Habíamos quedado en hablar de otras dos novelas-  le he advertido, señalándolas sobre la mesa. Y he añadido:
            - Son dos recomendaciones. “El cuello de la Jirafa”, de Judith Schalansky,  traducida por Juan José del Solar para Random House Mondadori, me la propuso Margarita Ruby, la librera de La Rayuela de Berlín, señalándola como de lo mejor de la literatura alemana actual. Además la acción sucede en el antiguo territorio de la RDA…La otra la recomendó Belén Gopegui en una charla en la librería Albatros: “Soy una caja” de Natalia Carrero, publicada por Caballo de Troya-
-       Ya- concedió Sombra- pero antes quería acabar con “ Los Besos de Lenin”. Hemos dejado escapar una lectura interesante del discapacitado como sujeto revolucionario…-
-       No voy a preparar té para hablar de una novela de la que ya hemos hablado…- he zanjado, pero Sombra no escuchaba:
-       El discapacitado es en la novela el que está capacitado de otra manera.  Cuenta con habilidades increíbles que surgen a partir de distintas carencias. El ciego es capaz de oír la caída de un alfiler en un teatro repleto. La tejedora parapléjica ejecuta siempre los mismos bordados a velocidad de vértigo y con gran precisión. Un tuerto hilvana cinco agujas con un solo golpe de hilo… Unos se complementan a otros…Unos ponen los pies, otros los ojos, otros más los oídos. Forman un equipo, una troupe, un colectivo-
-       ¿Y?- le he preguntado
-       La carencia llama a la complementariedad y eso hace a los habitantes de Liven especialmente acordes con la Quimera, que es el mejor símbolo de nuestros tiempos híbridos. Las sillas de ruedas y prótesis, los dispositivos y objetos propios de sus tareas les acercan, uno por uno y en conjunto,  a las Quimeras…- 
      De repente me ha molestado escucharle, que se estuviera saliendo con la suya.
-       No voy a escuchar más sandeces, Sombra- he zanjado- Di lo que tengas que decir  sobre las novelas de hoy, no sobre textos ya comentados-
      Sombra se ha callado. Quizá ha pensado lo mismo que yo. Que si decía un par de frases sobre los libros que le pedía discutir podríamos volver al que él proponía. Se ha sentado frente a mí sonriendo:
-       No tienen nada que ver, Monty- ha dicho, señalando los libros que había dispuesto sobre la mesita del té.
-       ¿No te han gustado?- he preguntado. 
-        Sí, sí me han gustado,  los dos, pero cada uno por su lado. No tienen nada que ver uno con otro- ha añadido, sin soltar aún el libro de Yan Lianke- No entiendo porque los comentamos al tiempo-
-       Eso no es cierto- he contestado, sin animarme aún a preparar el té ante la falta de disposición dialogante de Sombra-   Los dos proceden de autoras de edad parecida, ambas de Europa Occidental…Las dos ilustran sus propios textos…-
-       Parecidos epidérmicos- ha concluido Sombra.  
-       Los dos libros están estructurados alrededor de un eje narrativo externo. “Soy una caja”, a partir de los textos de Lispector. “El Cuello de la Jirafa” a partir de las nociones básicas de un curso de biología evolutiva. Ambos textos se producen como un diálogo o un comentario de las narraciones que los transcurren…- 
-       ¿Y qué?- ha preguntado Sombra y ha añadido, elevando la voz:
-       Es mucho más lo que los separa. Escoge uno de ellos y dejemos el otro para la semana siguiente-
      Me ha visto dudar y se ha crecido. 
-        O hablemos de Yan Lianke- ha zanjado.
-       Te diré lo que haremos- le he contestado- No vamos hablar de ninguno de los tres libros. Hoy no hay té-
      No parecía importarle. Se ha levantado despacio sin perder la sonrisa:
-        En todo caso el té últimamente te sale demasiado aromático. Rebuscado. Cargado. Una inhalación vale por dos tazas-

-        A otros siempre les salió insípido- le he contestado sin pensarlo, mirándole salir por donde había venido. 

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