jueves, 10 de julio de 2014

UN GATO EN TIANANMEN

Las memorias de Jan Wong, RED CHINA BLUES, publicadas por Anchor en 1996, cubren dos periodos claves de la historia contemporánea china. Jan Wong llega a China como fervorosa estudiante maoísta en 1972, periodo final de la Revolución Cultural. Es aceptada como la primera estudiante extranjera de la Universidad de Beijing y vive allí la muerte de Mao, la defenestración de la Banda de los Cuatro y la primera vuelta al poder de Deng Xiaoping. Parte de sus estudios los cumple en fábricas y granjas como estudiante obrera. Regresa a Canadá en 1980 y no vuelve a Beijing hasta 1988, esta vez como corresponsal del Globe de Toronto, encontrándose un país en plena efervescencia previa a Tiananmen. Vivirá de primerísima mano los disturbios, ocupando la noche del 4 de junio de 1989 una habitación del Hotel Beijing cuyo balcón da a la Avenida de la Paz Eterna, casi en su confluencia con la plaza, un observatorio privilegiado para algunas de las escenas más cruentas de la noche, con las tropas disparando en aquel punto a estudiantes desarmados, pero también de las más singulares, como las del famoso Hombre Tanque. Vivirá la separación del poder de Deng Xiaoping y su regreso triunfal con la gira del  sur en 1992, último de los momentos políticos decisivos en la conformación de la China que hoy conocemos.  

El libro lleva el revelador subtitulo de Mi Larga Marcha: de Mao a la Actualidad y en ningún momento se oculta que el comunismo de juventud de Jan Wong se transformó con los años, poco antes de su regreso a Canadá en 1980, en oposición manifiesta al sistema chino.  Sin embargo, el libro supone un relato honesto de unos años en que apenas había occidentales en China y Jan Wong, hija de un rico inmigrante establecido en Canadá, relata con su propio periplo la evolución de un entorno al que se va asimilando de forma creciente. Su relato transparenta el esfuerzo por separar los hechos de su interpretación hasta el punto que da cabida a una lectura maoísta, que vería su larga marcha hacia la democracia liberal como el resultado de pulsiones de clase derivadas de su bagaje familiar. 

Hay sin duda otros relatos más documentados sobre los sucesos del 4 de junio de 1989, entre los que destacan los llamados "papeles de Tiananmen" recopilados por una fuente que se mantiene en secreto pero se supone cercana al Secretario General del PCCH de la época, Zhao Ziyang y publicados por la revista americana "Foreign Affairs". Este documento contiene un resumen de las deliberaciones del Comité Permanente del PCCH y de las reuniones informales, aún más decisivas, a las que se suman antiguos dignatarios como Deng Xiaoping. Sin embargo el hecho de que Jan Wong estuviera primero en la eclosión social que sigue a la defenestración de la Banda de los Cuatro y de nuevo diez años después permite comparar ambos periodos y adoptar una perspectiva de más alcance sobre Tiananmen. 

La eclosión social de finales de los 70 guarda similitudes con la de finales de los los 80 pero también revela diferencias interesantes.  En ambos casos hay jóvenes en búsqueda de cambio y apertura.  En el primer caso se rebelan contra la violencia y arbitrariedad de los guardias rojos. Se quiere volver a la Universidad como lugar de estudio tradicional y al tiempo abrir el país al exterior, borrando el componente autárquico/ nacionalista de los años previos. Son los años de los "dazibaos" o "periódicos en grandes caracteres", carteles informativos que se pegan en los muros en Tiananmen pero también en los de  muchas Universidades y centros de trabajo. Las autoridades y la población más crítica juegan a fijar un límite entre ambos sin que al final resulte necesaria una delimitación estable al quedar claro que grandes capas de la ciudadanía, cansadas de la politización intensiva de los últimos años de Mao, están más interesadas en explorar sus gustos y acumular experiencias y participar de forma creciente en el desarrollo económico. 

En Tiananmen, diez años después, hay dos pulsiones diferentes: la democrática y la que lucha contra la corrupción. A su vez las dos está unidas por lemas como "El poder absoluto corrompe absolutamente" La corrupción es también el tema que une a los estudiantes con los obreros, que, con las reformas liberalizadoras y la creciente desigualdad y corrupción ven amenazado el llamado "cuenco de arroz de acero" La opulencia de los dirigentes, empezando por Deng Xiaoping y sus cinco hijos, contrasta con la aún cercana austeridad maoísta. Jan Wong recuerda el pudor con que los hijos de los grandes nombres del maoísmo ocultaban su origen en la Universidad. Ninguno de las dos pulsiones son ajenas a los intensos debates en el seno del PCCH, hasta el punto que hasta el final Zhao Ziyang considera que el partido comparte las motivaciones de las protestas, tanto la democracia como la lucha contra la corrupción. Hay mucho debate sobre democracia en las semanas previas a Tiananmen pero sólo de forma marginal se enfoca hacia el multipartidismo. Aunque la reforma del PCCH es un tema recurrente se incide a menudo en que mantenga un papel clave en la nueva China. Muchos consideran las protestas patrióticas y las apoyan fabricas, Universidades, y otras instituciones.  

Otra diferencia estriba en el papel del Ejército. A finales de los 70 la policía trata de reconducir más que reprimir a los disidentes y el Ejercito se mantiene al margen.  Poder central en el Imperio del Medio, se trata de la institución más respetada, la única que los guardias rojos no atacan y al tiempo la que pone límite a los excesos de estos. Desde la guerra de liberación que les condujo al poder, el régimen ha puesto el énfasis en la identificación entre las masas y el ejercito popular. 

En los papeles de Tiananmen se observa cómo en los días previos al 4 de junio Deng Xiaoping  se acaba enfrentando abiertamente con el Secretario General  del PCCH Zhao Ziyang al que termina por desplazar del poder. Pese a la tensión en la plaza este sigue pensando que los estudiantes quieren lo mismo que el partido. Las masas populares, las que luego tratarán de cerrar el paso a los tanques, les apoyan. Si el Gobierno les escucha los estudiantes acabarán abandonando la plaza. Para Deng Xiaoping lo importante es el desarrollo económico y, para alcanzar este, la ausencia de disturbios, tanto internos como externos. La ocupación de la plaza principal de China, el símbolo de su poder, arruina su imagen exterior y desanima a los inversores extranjeros.  La imposibilidad de recibir a Gorbachev en la plaza, apenas unos días antes, le ha resultado tremendamente humillante.  


Estos debates explican mejor las escenas finales del drama. Alrededor de las 4 de la madrugada del 5 de junio un último grupo de estudiantes permanece en la plaza, apiñado en torno al monumento a los héroes. Cantan "La Internacional". El Ejercito, tras romper a tiros y bajo el peso de los tanques la defensa que la población ofrecía en varias de las avenidas que confluyen en la plaza, se acerca a ellos por todas partes. En su avance los tanques derriban tiendas de campaña, paneles informativos, barricadas, aplastan las últimas fogatas.  A lo lejos siguen sonando disparos.  Los estudiantes siguen cantando, pero nadie escucha. Al gato no le importa su color pero tampoco el de los ratones.

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