Las ensoñaciones de un paseante solitario de J.J. Rosseau.
Memorias de chica de Annie Ernaux.
El tiempo de los hombres de Julien Blanc.
La novela luminosa de Mario Levrero. Qué lejos llevan estos recorridos, aparentemente tan banales, de la cama al ordenador. Recorridos por un día al revés, acostándose cerca del amanecer y desayunando a las 5 de la tarde para encontrar los comercios cerrados y repetir una jornada imposaible e imposibilitante.
Creo que cuando surge el amor, el amor verdadero, entre un hombre y una mujer, ambos se transforman y adquieren ciertas virtudes mágicas. Tal vez no se den cuenta. El amor pasa a guiarlos, y ambos tienen la posibilidad de hacer cosas que normalmente les parecerían imposibles. Se vive una realidad que tiene más dimensiones.
En el fondo se trata de una novela de aventuras. Una aventura amorosa en la madurez con la que se arriesga, como sucede, a quedarse solo. Y es este quedarse solo, la desventura, lo que relata el Diario de la beca.
Sólo despues de las desventuras del Diario de la beca, llega la novela luminosa. Y una teoría de la vida y de la novela.
La Teoría Global de Mi Vida descrita como un omnibus que es, además de omnibus, una gran estación móvil de ferrocarril.
...desde ese tren ese yo hace partir multitud de otros pequeños trenes, en los cuales viajan otros pequeños yoes míos —y donde espero que que se hayan subido algunos yoes del lector—. Saber combinar la marcha de los trenes en su conjunto es el arte de escribir, como sería el arte de vivir saber combinarlos en la vida real...
Y a partir de ahí una reflexión lúcida sobre la relación con otros seres vivos y sobre como afrontar la relación con la tecnología y sus implicaciones sicoanalíticas:
- ¿A usted no le pasó, mirando un insecto, o una flor, o un árbol, que por un momento se le cambiara la estructura de valores o jerarquías? (...) Toda forma de vida se me hace, en ese momento, equivalente. Y, como intentaré mostrar luego, lo inanimado deja de serlo y no hay lugar para una no-vida.
- De cualquier manera, obreros y empleados, condenados estáis; en el mejor de los casos, a una extinción lenta y progresiva; y en el mejor del mejor de los casos, en tránsito hacia un nivel superior de educación y de vida. (Mientras tanto, ¡por favor!, no dejéis de consumir; pues, para producir ya realmente no os necesitan).
- Quería decir que hoy, liberado el hombre de la necesidad del trabajo, y si hacemos caso a las teorías de Freud y su paranoico, podemos muy bien volver al «principio de placer» escupiendo sobre el pincipio de realidad.
Esbozos de Jean François Billeter. Extraños puntos en común con Levrero, porque Billeter, a partir del análisis de sí mismo, cumple un recorrido por el sujeto de ambición universal, que luego deriva en consideraciones sociales y políticas. Emociona ver al venerable sinólogo y profesor de la Universidad de Ginebra arremeter con tanta gallardía contra la voracidad implacable del Capitalismo.
Billeter cumple también un trayecto, del sujeto a la polis, como si en el cuerpo estuviera la plantilla para proyectar la acción política.