Oceánica de Yolanda González.
Fusión de Yolanda González.
El padre de Blancanieves de Belén Gopegui.
«Que mi estrella no sea la que más resplandezca sino la más lejana...» Claudio Rodriguez.
Juré que no lo haría de Karim Kattam
Juré que nunca
nunca
nunca
escribiría un poema
sobre un checkpoint
que nunca
nunca
nunca
capitularía así
a su oprimente geografía
que nunca
degradaría
mi página
mi alma
para reducirla a lo que quiere convertirla
en negrura.
también, que el checkpoint
es lo indecible
y que no haría sino
depurarlo,
hacer palpable, divertida y accesible
su brutalidad,
domesticarla
para vosotros.
pero estoy ahí y tengo
la impresión de que
todo
todo
todo
está diseñado para mi destrucción
los bólidos y el metal
y
los reflejos azules en los ojos de quienes
al mirar
los míos
ven la mirada de una raza inferior, el cuerpo de una raza inferior,
mi confesada debilidad
que no llama más que a ser
machacada,
en mis ojos
solamente vacío
que aplastar
con la bota.
y entonces me digo
que ya no está mal
dejar esta traza
del momento
ínfimo
para que se sepa
lo que me han hecho
he viajado, mucho, facilmente, he ido a la luna
(hasta en la luna he encontrado
un checkpoint
con metal y ojos
azules
que me atraviesan
sin tiempo de
despreciarme
porque soy menos que eso yo
soy
nada
nada que
pide
cosas
que no merecen
los nada
nada
que aplastar
bajo una bota
vegana —garantizada sin crueldad con los animales,
así aprendí un día
que yo apenas era un animal).
(traducción libre del poema incluido en el libro Hortus conclusus)
El dinero de Charles Peguy. Socialismo católico de principios del siglo XX aplicado a la escuela. Las cuatro reglas frente al gobierno de los espíritus. Tradición y comunidad.
La alegría de aprender de Élisée Reclus y Pierre Kropotkine.
Recitar menos, resistir más. Escritos pedagógicos de Henri Roorda. Este como el amterior muy en la linea de Francisco Ferrer y la escuela moderna: laicismo, anarquismo, coeducación. Roorda es además un fino humorista.
Los bellos años del castigo de Fleur Jaeggy. Exquisito sadomaso residencial.
Memoria de chica de Annie Ernnaux. Para conseguir la precisión que busca por encima de la verdad o el sentido —lo dice en algún lugar—, se da ese movimiento de acercar y alejar la mirada, cuestionarla y clarificarla, como si manipulara siempre una lente, la puliera y jugara con su distancia al objeto de contemplación. Por oposición a este artificio que nos trae los hechos tan precisos, un relato en que el pasado aflora, se da de por sí, es seguramente un imposible. Un intento sería El ruido y la furia de Faulkner.
Ernnaux es consciente, en la estela de Proust pero sin fantasía, que esa manipulación es la que da perspectiva y precisión a los hechos, lo que permite superar la opacidad del presente. Sin ella, estamos ante personas como tallas romanicas, planas, interacciones hieráticas. Por eso las estampas de «El curso del viento» emergen como un presente puro, sin manipulación, intratabale, opaco.
Mañana matarán a Daniel de Aroa Moreno. Con su epílogo El reloj de Xosé Humberto Baena. Como subraya la autora lo importante no es dilucidar si los ejecutados fueron o no culpables, sino rescatarlos del olvido, y la novela cumple con creces este objetivo.
Hasta la raíz. Violencia durante la guerra civil y la dictadura framquista de Javier Rodrigo. Frente a los cantos de sirena de la dictablanda expone hasta qué punto la violencia contra la población era constitutiva del régimen franquista.
Hortus Conclusus de Karim Kattan
Retrat interior de Mariàngela Vilallonga.
Qué bien puesta esta cita de Proust en el poema Riverside:
No el vertader lloc de la nostàlgia
no és ni el paradís perdut
ni el paradís que mais no es tindrà del tot:
és el text que haurà d´explicar aquesta pèrdua.
Y como enlaza con su propia voz, que sigue:
Va anar venint, aquest saber el preu de les pèrdues.
Tot arriba, però, quan arriba
potser ça comença a marxar.
No ho sé si es perd mai
el sentiment del valor de les perdues.
El cocodrilo y otros cuentos de Felisberto Hernández.
El hombre arrodillado de Agustín Gómez Arcos.
¡Atención! Una perspectiva esclarecedora sobre la Transición. AGA como una puente entre la represión franquista y la (T)ransición al olvido.
La máquina de destrucción. Por qué hay que acabar con el sistema financiero de Alina Fares (texto) y Jérémy Van Houtte (ilustración). Una narración gráfica sobre cómo funciona la banca, el motor de un sistema capitalista que solo sabe operar en continúa expansión: la necesidad de invertir para lograr beneficios, con independencia de las necesidades, la creación del dinero mediante los créditos, las distintas trampas para desligar el crédito del capital. Y también cómo destruir capital mejorará nuestras condiciones de vida.
Poesía completa de Nadia Anjuman, traducida por Rocío Moriones.
El cuerpo de las librerías de Vincent Puente.
Librerías de Jorge Carrión
Estos dos últimos libros vienen a dar en lo mismo: un recorrido por librerías destacadas de todo el mundo, pero en el caso de Carrión se trata de establecimientos verdaderos, mientras que Puente trata de librerías imaginadas. Las de Carrión no son menos fascinantes.
Memoria de chica de Annie Ernnaux.
Me interesa mucho su énfasis en la precisión. Y como esta se alcanza recorriendo las rutas hasta el objeto recordado, manipulando las lentes, en un juego en el que siempre hay que mostrar desde dónde, y por qué senderos, se rememora. Porque el presente es opaco, pero el recuerdo despeja sus brumas.
Es como si las palabras cubrieran la realidad y solo su secuencia exacta diera con su desenvolvimiento.
El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza.
Importa el acontecimiento en sí: la piel que alcanza su propio límite y, alborozada y curiosa, con el ánimo del que no vuelve la vista atrás, da el salto.
Señales de humo. Manual de literatura para caníbales de Rafael Reig.
Jacques el fatalista de Denis Diderot. Gran novela, pero muchas de las gracietas de Jacques no tienen gracia.
Tristram Shandy de Laurence Sterne. El principio me resulta farragoso y se me va haciendo poco a poco transitable hasta una parte final gloriosa. Da la impresión que Sterne queda fascinado por los juegos entre el autor, el narrador y los personajes, deteniendo el curso del relato para retomarlo (o no) más tarde, introduciendo todo tipo de digresiones, llevando las técnicas cervantinas más lejos, con capítulos en blanco, dibujos y esquemas, palabras omitidas... Está lleno de hallazgos y reflexiones esclarecedoras, sobre todo en la parte final: ver a una persona utilizando tus objetos, sobre todo los más queridos, nos lleva a quererla por asociación; la comparación entre la visibilidad de los instrumentos de matar por oposición a la invisibilidad de lo relacionado con el sexo; la importancia de los nombres en boca de quién debió llamarse Trimegisto y acaba llamándose Tristram.
¡Dios! —dijo mi madre, ¿de qué va esta historia?
De un GALLO y un TORO —dijo Yorick— Y de los mejores que haya oído.
Almas muertas de Nicolas Gogol. Quizá cumple para la novela rusa un papel fundacional, no tan diferente de las dos anteriores en sus lenguas respectivas. Entre otras cosas, una novela sobre la complejidad, ubicuidad y vigor de la corrupción. Un tema tan espinoso que en la segunda parte Gogol pierde los papeles (los quema).
Tengo miedo torero de Pedro Lemebel ¡Olé! ¡Qué bien rematado!
Carmen Baroja y Nessi. Recuerdos de una mujer de la generación del 98. Prólogo edición y notas de Amparo Hurtado. Estas memorias de Carmen Baroja, editadas por Amparo Hurtado, ofrecen un contrapunto, feminista y lúcido, a muchas ideas preconcebidas de la muy masculina y gloriosa generación del 98. ¡Qué interesantes el índice onomástico con notas biográficas, la introducción, las notas a pié de página!
Los encuentros de Vicente Aleixandre. Las semblanzas de Aleixandre, de escritura sutil, casi camuflada, como supo hacer durante tantos años de exilio interior, son tan interesantes como la nómina de escritores encontrados, desde Clementina Arderíu hasta José Luís Hidalgo.
La locomotora borracha de Mijail Bulgakov. Textos entre satíricos y fantasticos ambientados en las Rusia del comunismo de la NEP y la guerra. «Habitaciones rodantes» es mi favorito, sobre los moscovitas que, ante la penuria de alojamiento, empiezan a vivir en los tranvías.
Demasiado ayer de Soraya Romero. Audaz recreación de una historia familiar que arranca de la guerra civil y tranncurre entre México y España.
Relatos sobre la falta de sustancia y otros relatos de Alvaro Pombo.
En la oficina de Robert Walser
Albert Cohen y Ginebra. Guia literaria de Ediciones La Braconière.
Antídoto al culto de la eficacia. El vigor de la vida de Olivier Hamant
Recuerdos del primer amor de Giacomo Leopardi
Los dioses en el exilio de Heinrich Heine.
Bella del señor de Albert Cohen.
Un siglo de cuentos rusos. De Pushkin a Chejov.
Oceánica de Yolanda González
La desvértebra de Ana Romaní. Traducción de Helena González
«y el verbo cambió el tiempo —el suyo—
los cuerpos entraron tumefactos por el aro —cercados—
se anexaron los documentos requeridos
las palabras necesarias el lenguaje exigido
y se ofició
después todo fue Tratado Dictamen Lección Nota de prensa»
Lo que sé de Almudena de Rafael Reig. Un libro de escritores y escritura, tan centrado en el oficio de Reig como en el de Grandes. Lo leí en una secuencia cercana a Los encuentros de Aleixandre y las memorias de Carmen Baroja, que listo aquí.
De cuerpo presente de Bob Pop
Seúl, Sao Paolo, de Gabriel Mamani.
Siete casas vacías de Samantha Schweblin
M. Gouevo quiere curarse de la Shoah de Mikael Allouche y Ana Waalder.
Si Maus es la novela gráfica de la Shoah contada por la primera generación de supervivientes, este libro se centra en la segunda y tercera generaciones. Un relato más cercano a la comunidad sefardita, mientras que Maus estaba más vinculada a los askhenazis.
El trabajador del extremo de Äke Anställning. Desternillante y demoledora crónica del precariado.
Una habitación propia de Virginia Woolf
Jacques el fatalista de Denis Diderot
La vida en serio de Juana Bignozzi.
Todavía una noche de Aroa Moreno Durán.
Utilidad de las estrellas de María Negroni.